LA HISTORIA TRADICIONAL
La primera obra hist�rica que asume como tema un per�odo del XIX parece ser la de Manuel Uribe �ngel, el Compendio Hist�rico del Estado de Antioquia, publicado en 1887 en Medell�n. Uribe �ngel hace all� una primera narraci�n de la historia de la Independencia y llega hasta la disoluci�n de la Gran Colombia. Este trabajo es una ampliaci�n de los cap�tulos hist�ricos de la Geograf�a, que apenas se refer�an a la prehistoria y la conquista. La parte correspondiente al siglo XIX es una narrativa muy convencional, sobre la base sobre todo de Jos� Manuel Restrepo, de los incidentes de la �poca de independencia. [1]
En 1903 Alvaro Restrepo Eusse public� la Historia de Antioquia, primer libro de texto de historia regional. Escrita dos a�os antes, lleva la narrativa hasta 1900. La obra refleja de alg�n modo la conciencia satisfecha de los intelectuales antioque�os sobre el desarrollo de la regi�n y sus virtudes especiales.[2] Aunque escrita por un miembro del partido liberal, su enfoque corresponde bastante al consenso moderado de finales de siglo, y uno de los rasgos que subraya en la historia antioque�a del siglo XIX es la tendencia al concierto de los partidos, como mecanismo para protegerse de interferencias externas en la regi�n. Restrepo subraya las cualidades especiales de la �raza antioque�a�, aunque sus caracteres propios se atribuyen esencialmente al resultado de un proceso hist�rico de varios siglos, a la respuesta apropiada a desaf�os y oportunidades: dice que no es admisible pensar que Cundinamarca est� atrasada por ser de la raza latina, pues es la misma raza de los antioque�os. Esta obra muestra por otra parte una atenci�n muy grande a procesos econ�micos y sociales, sobre todo en lo relativo al siglo XIX. La colonizaci�n antioque�a recibe un tratamiento amplio, as� como los temas relativos a la miner�a, el desarrollo artesanal e industrial y las finanzas p�blicas. Incluso dedica un cap�tulo al tema de la fascinaci�n antioque�a por el juego y el licor. Desde el punto de vista de las fuentes, es evidente que Restrepo Eusse se apoy� fundamentalmente en la prensa regional y en el acceso ocasional a los archivos locales.
Los escritores de la primera mitad del siglo XX hicieron ante todo trabajos hist�ricos de orden biogr�fico. Algunos autores se consideraban historiadores, como Ram�n Correa o G�mez Barrientos, pero otros eran pol�ticos que constru�an la figura de un h�roe militar o c�vico. Casi todos son miembros de la Academia Antioque�a de Historia, que se creo pocos a�os despu�s de la de Bogot�, y public� y publica el Repertorio Hist�rico. Entre los analizados predominaron los hombres c�vicos de la segunda mitad del siglo XIX como Berr�o o Giraldo.[3]
Otras l�neas de estudio frecuentes durante la primera mitad del siglo XX fueron las relativas a algunos temas de historia pol�tica general y los trabajos sobre ciertas �reas de historia cultural, sobre todo historia eclesi�stica, historia de la medicina e historia de la educaci�n.[4] Adem�s, se publicaron algunos libros generales, parte reminiscencias personales y parte resultado de recopilaci�n de tradiciones orales y de recopilaci�n documental. En esa misma categor�a puede uno considerar la obra geneal�gica de Gabriel Henao Mej�a.[5]
Estos trabajos configuraron una primitiva historiograf�a regional. A pesar de que comparten algunos rasgos b�sicos con lo que hemos llamado convencionalmente la historia acad�mica, tienen algunas caracter�sticas especiales que vale la pena destacar, y es el peso un poco m�s alto del intento por construir un pante�n civil. Esto puede estar l�gicamente relacionado con el peso comparativamente menor de la actividad militar en Antioquia, pero tambi�n con el inter�s de la elite de subrayar la importancia de la paz en el desarrollo antioque�o. Tambi�n es de destacar el peso que se da a ciertas �reas culturales. La iglesia, por la obvia funci�n que desempe�� desde mediados del siglo pasado en la legitimidad de la organizaci�n social y pol�tica de la regi�n: sorprende m�s bien que no fuera m�s abundante la literatura sobre este tema.
Los contenidos de esta literatura los analic� en forma relativamente r�pida en la ponencia presentada en el Simposio de los Estudios Hist�ricos Regionales de 1979. En ellas se va elaborando y construyendo la imagen de la excepcionalidad del antioque�o, apoyada a veces en una visi�n racial. Los rasgos que se pregonan del antioque�o incluyen ya �la dedicaci�n al trabajo y a la b�squeda de independencia econ�mica, su esp�ritu de empresa�su poco inter�s por la pol�tica, que es vista en general en t�rminos negativos, excepto en su forma m�s pragm�tica de una administraci�n eficaz y barata, que haga caminos, funde escuelas y mantenga el orden�.[6]Subrayan tambi�n la existencia de dirigentes pragm�ticos y transaccionales que defend�an los valores de la sociedad antioque�a, sobre todo la familia, la religi�n y la paz, y la consolidaci�n de un consenso de los dirigentes, pero compartido por la mayor�a del pueblo antioque�o, sobre los valores esenciales de la sociedad y sobre las l�neas b�sicas de acci�n pol�tica, con su �nfasis en orden, en el federalismo, en mantenerse aislados de los efectos perturbadores de los conflictos pol�ticos nacionales. Estos trabajos hist�ricos tienen casi siempre un buen componente de investigaci�n, centrada sobre todo en el uso de la prensa del siglo pasado, aunque la definici�n de problemas, la composici�n y el desarrollo de la obra sea en general muy elemental. Hay en muchos casos, como en las obras de G�mez Barrientos, en medio de un gran desorden expositivo, informaci�n muy rica sobre el contexto en el que act�an los biografiados: atisbos de historia social y de las mentalidades, digresiones sobre historia econ�mica y minera, etc.
EL GRAN DEBATE
Probablemente la obra m�s significativa en la modificaci�n de las formas t�picas de escribir la historia regional fue La colonizaci�n antioque�a en el Occidente colombiano, publicada en 1950. Aunque su impacto inicial estuvo reducido a un �mbito estrecho de especialistas �es una de las obras centrales en el libro de Ospina V�squez publicado en 1955- poco a poco sus afirmaciones se van convirtiendo en el trasfondo de los principales debates sobre la sociedad antioque�a. Por una parte, al definir un proceso social �la colonizaci�n- como un aspecto central de la historia regional, fortalec�a la tendencia ya existente pero d�bil a no dar mucho peso a la historia militar, a colocar la historia pol�tica dentro del marco de la discusi�n sobre el progreso antioque�o, y a dar importancia a los temas sociales y de crecimiento econ�mico. Por otra parte, algunas de sus afirmaciones confirmaban algunas de las viejas percepciones sobre los rasgos propios del desarrollo regional y de la cultura antioque�a. El car�cter excepcional del desarrollo local quedaba postulado en forma clara, y se atribu�a esencialmente a la existencia de ciertas condiciones de democracia agraria. El hecho de que quien confirmara los rasgos de los que se envanec�an los dirigentes antioque�os fuera un extranjero, y adem�s pudiera sustentar sus afirmaciones en una amplia investigaci�n documental y en un planteamiento cient�fico le daba mayor firmeza a la situaci�n. En los debates posteriores, la complejidad de las exposiciones mismas de Parsons se perdi�, y algunas citas textuales pero que representaban formulaciones extremas de posiciones matizadas a lo largo del libro se convirtieron en lugares comunes.
El tema del car�cter democr�tico de la sociedad producida por la colonizaci�n es central y t�pico. La cita siguiente sirvi� para un amplio debate, que se prolong� durante varias d�cadas. �En las nuevas tierras volc�nicas del sur y al oeste, la naturaleza profundamente quebrada de la regi�n, el orgullo de los cultivadores de caf� y el esp�ritu de autonom�a libre e independiente se combinaron para producir este caso rar�simo de una sociedad democr�tica de peque�os propietarios, en un continente dominado por un latifundismo latino tradicional�. (1959: p 106}
El argumento de Parsons apareci� en forma algo inesperada en el libro de Everett Hagen On the theory of social change (Homewood, Ill, 1962, versi�n parcial como El Cambio Social en Colombia, Bogot�, 1963). Hagen tomaba de Parsons la caracterizaci�n de la sociedad antioque�a como un ejemplo de �xito excepcional en el camino del desarrollo econ�mico, pero buscaba las explicaciones ante todo en los factores que hubieran permitido la aparici�n de una actitud psicol�gica innovadora y orientada al logro y al desarrollo. Aunque Hagen reconoc�a la existencia de otros factores �la experiencia minera, las diferencias de oportunidades con otras regiones del pa�s- plante� como punto central de su explicaci�n la idea de que la actitud empresarial y progresista de los antioque�os fue una respuesta a la status deprivation de que hab�an sido v�ctimas en el siglo XVIII y XIX: los antioque�os habr�an respondido al rechazo social y pol�tico de los n�cleos del poder neogranadino y republicano con un impulso al desarrollo econ�mico que hab�a configurado una psicolog�a del logro muy marcada.
La tesis de Hagen tuvo dos respuestas muy claras: una, elaborada como un trabajo de seminario en Princeton hacia 1968, y publicada en 1970, fue la de �lvaro L�pez Toro[7], quien elabor� un complejo argumento sobre el desarrollo antioque�o subrayando los procesos econ�micos reales y su papel en la consolidaci�n de las mentalidades y formas de actuar de los antioque�os. Su argumento postula una compleja dial�ctica entre el hacer y el actuar, en el que las practicas de la miner�a contribu�an a estimular la propensi�n a innovar a asumir riesgos y a asociar esfuerzos, pero estos factores se convert�an en elementos centrales en el desarrollo de otras formas de actividad comercial o financiera. La miner�a, los grupos comerciales, los procesos de colonizaci�n, se entremezclaban en una compleja trama argumental, que me sigue pareciendo en esencia bastante s�lida. (ver pag. 32 de la memoria de estudios regionales).
La otra respuesta fue el pol�mico art�culo de Frank Safford �La significaci�n de los antioque�os en el desarrollo econ�mico colombiano� [8], que atac� sobre todo la base factual del argumento de Hagen, subrayando que, en vez de verlos negativamente, los colombianos percibieron a los antioque�os del siglo XIX m�s bien en forma positiva y estuvieron dispuestos a acogerlos, si ten�an dinero, en los m�s altos niveles sociales capitalinos. [9]Safford, adem�s, planteo explicaciones alternativas, centradas ante todo en la diferente dotaci�n de recursos econ�micos de la regi�n: en su opini�n, fue ante todo la disponibilidad de recursos derivados de la miner�a, con el impacto sobre las posibilidades de acumulaci�n de capital, de importaci�n de bienes y de desarrollo tecnol�gico, el factor de m�s peso para explicar los resultados comparativamente mejores del siglo XIX antioque�o.
Poco despu�s apareci� el libro de William Paul McGreevey sobre el desarrollo econ�mico de Colombia. Aunque Antioquia no era el tema central del trabajo, el contrapunto del tabaco y el caf� que desempe�aba un papel central en su obra ten�a obvias implicaciones para la interpretaci�n de las causas del desarrollo antioque�o. En esencia, su interpretaci�n del desarrollo antioque�o se centraba en el impulso a la industrializaci�n ya entrado el siglo XX, que se hab�a apoyado en las condiciones creadas por el caf� como industria exportadora, y que se hab�an reflejado tanto en la acumulaci�n de un amplio capital derivado de la exportaci�n de caf� y de la importaci�n de manufacturas, como en la constituci�n de un mercado amplio para manufacturas y productos industriales. Su argumento, que mostraba los limitados enlaces de la exportaci�n de tabaco con la creaci�n de un mercado amplio, pod�a impl�citamente aplicarse al argumento de Safford sobre la importancia del oro como producto de exportaci�n en el siglo XIX.
Entre tanto, la visi�n democr�tica de la colonizaci�n tuvo algunas refutaciones y calificaciones. (Keith Christie, Jos� Fernando Ocampo, y Roberto Luis Jaramillo). En las primeras respuestas, de corte muy ideol�gico, se reiteraba lo que Parsons mismo hab�a mostrado: que la distribuci�n de tierras en las zonas de colonizaci�n hab�a sido desigual, que los grupos dirigentes del proceso hab�an consolidado propiedades medias importantes y los �ltimos llegados debieron muchas veces someterse al status de agregados y trabajadores asalariados. En su af�n por desvirtuar la caracterizaci�n democr�tica hecha por Parsons, subrayaban hasta tal punto la desigualdad que parec�a que desaparec�a toda diferencia con la situaci�n de regiones como el Valle o las zonas de haciendas del oriente colombiano. Por otra parte, diversas contribuciones destacaron, en forma complementaria, el car�cter conflictivo y violento del proceso de colonizaci�n. La contraposici�n entre el papel sellado y el hacha, que hab�a sido expuesta por Restrepo Eusse en 1903 y por Alejandro L�pez en 1929, se convirti� en un enfrentamiento violento entre colonos y propietarios en toda la zona de colonizaci�n. El art�culo de Roberto Luis Jaramillo, publicado en la Historia de Antioquia, m�s que desarrollar la pol�mica, lo que hac�a era incorporar una gran cantidad de informaci�n nueva y m�s precisa en la descripci�n sistem�tica del fen�meno, y abrir el camino a an�lisis comparativos m�s exactos al confrontar los procesos de colonizaci�n del sur antioque�o con la apertura de las regiones del oriente o del noroeste.
LA HISTORIOGRAF�A RECIENTE
Durante los sesentas y setentas la producci�n hist�rica sobre los temas regionales no fue muy amplia. Por supuesto, continuaba la producci�n de obras de orientaci�n acad�mica, la escritura de nuevas biograf�as de los hombres del siglo pasado, sin una ampliaci�n muy substancial en el elenco de personajes, y un creciente n�mero de historias locales, escritas en buena parte dentro del esquema can�nico de la �monograf�a�, apelando a veces a los archivos locales pero sin mucha perspectiva hist�rica.[10] Al lado de esta producci�n, algunos aspectos de la historia econ�mica, casi siempre derivados de los debates generados alrededor de Parsons y de sus contradictores, ten�an desarrollos importantes, pero usualmente dentro de trabajos escritos con una perspectiva m�s nacional. Entre estos, deben se�alarse el libro de Marco Palacios sobre el caf�, en el cual se incorpor� una discusi�n acerca del nivel de vida de los trabajadores cafeteros a finales del siglo y comienzos del siglo XIX, que de alguna manera a�ad�a elementos a la discusi�n que se hab�a planteado entre MacGreevey y Safford[11] En forma paralela al libro de Palacio se publicaron los trabajos de Mariano Arango sobre la econom�a cafetera colombiana. En ambos casos una parte importante del material se refer�a necesariamente a la situaci�n antioque�a.
Dentro de este desarrollo de los estudios de historia econ�mica, que parec�a tan natural en esos a�os, el libro m�s significativo fue sin duda el de Roger Brew, escrito en 1975 y publicado en 1977. [12] Perfectamente consciente de los debates resumidos en las paginas anteriores, su actitud era mucho m�s cercana a la de los historiadores que a la de los soci�logos o los economistas: estaba mucho m�s interesado en reconstruir todos los elementos del proceso de conformaci�n de las estructuras econ�micas y sociales que hicieron posible la industrializaci�n del siglo XX y en mostrar c�mo se hab�an generado gradualmente, que en probar un modelo explicativo general. Por ello su visi�n parece integrar, en forma no exhaustiva, diversos elementos de los debates anteriores, y m�s que por unas propuestas explicativas, su obra se recuerda por la riqueza de informaci�n y por la ordenada elaboraci�n de descripciones claras de los principales procesos del desarrollo econ�mico. En todo caso, su obra no desminti� la importancia que tanto Parsons como L�pez Toro atribu�an a la inexistencia de una estructura de gran propiedad rural y de poblaci�n subordinada en el campo antioque�o, a la estructura de la miner�a, con un gran sector de peque�os productores, y a la existencia de un fuerte sector comercial capaz de apropiarse de buena parte de los excedentes agr�colas y sobre todo mineros. Si uno trata de resumir el eje central de su interpretaci�n, tiene que declarar que esta se apoya ante todo en la visi�n de L�pez Toro de la existencia de una miner�a con una estructura muy abierta a los peque�os empresarios, por razones ante todo tecnol�gicas. No fue la disponibilidad de oro en cuanto tal, sino la estructura de la miner�a, lo decisivo. [13]Un aspecto que destac� Brew fue la multiplicidad de sectores econ�micos a los que se dedicaban los empresarios antioque�os y la homogeneidad pol�tica que resultaba de ello: tanto liberales como conservadores estaban metidos en asuntos mineros, agr�colas y comerciales.
El libro de Brew no condujo, sin embargo, a una ampliaci�n de la investigaci�n sobre historia econ�mica en Antioquia. Los trabajos sobre el siglo XIX publicados luego no han sido muy ambiciosos. Han aparecido varias monograf�as, un poco reiterativas y repetitivas, sobre el ferrocarril de Antioquia, y los diversos trabajos de Gabriel Poveda, que en general representan m�s bien s�ntesis informadas del conocimiento existente, con �nfasis en asuntos tecnol�gicos, en la miner�a y en el desarrollo de las v�as de comunicaci�n. Algunos estudios, muy iniciales, ampliaron la informaci�n sobre algunos aspectos del proceso de apropiaci�n de bald�os, y se public� al menos un buen art�culo sobre la mano de obra en las haciendas cafeteras, de Mario Samper. [14]
Pero lo que vale la pena destacar en este momento es el cambio de condiciones en la producci�n de materiales hist�ricos regionales que se ha generado con la consolidaci�n de algunas instituciones locales. En primer lugar, vale la pena mencionar a FAES, que ha desempe�ado un importante papel en la promoci�n de las investigaciones sobre la regi�n, tanto al constituirse en un sitio de encuentro y debate entre investigadores como al impulsar la conformaci�n de un sistema eficiente de informaci�n documental y de acopio de archivos empresariales. Varios de los trabajos de historia econ�mica de mayor inter�s se han apoyado en alguna medida en los archivos existentes en Faes, en especial los ligados a la familia Ospina.[15]
Pero al lado de FAES han estado sobre todo las universidades locales. Desde comienzos de los ochentas se consolidaron los departamentos de historia de las universidades de Antioquia y Nacional. Las universidades regionales, a diferencia de las de Bogot�, impulsaron desde el comienzo la realizaci�n de tesis e investigaciones regionales. En vez de los grandes temas nacionales, que muchas veces desbordan la capacidad del joven graduando de pregrado, se han escrito decenas de tesis sobre temas locales. La Universidad Nacional ha resultado un poco m�s productiva que la de Antioquia, y sus estudiantes parecen terminar sus tesis en forma m�s adecuada, aunque en el campo de la historia colonial es la Universidad de Antioquia la que ha llevado la delantera. Por otro lado, ha surgido una nueva generaci�n de profesores, usualmente graduados en las mismas universidades, que con sus trabajos han ido conformando una producci�n hist�rica continua y m�s o menos intensa sobre Antioquia. El desarrollo de las maestr�as permiti� la escritura de unas cuantas tesis de muy buen nivel, algunas de ellas escritas por los mismos profesores de la Universidad.
Este trabajo se ha convertido ya en la corriente dominante, no solo en t�rminos de calidad, sino de presencia cultural y de simple volumen cuantitativo, en la producci�n local. Los historiadores sin formaci�n universitaria son ya un poco marginales, aunque todav�a el clero y los abogados general aficionados m�s o menos serios. Esta consolidaci�n del trabajo de los profesores y estudiantes universitarios en la historia regional tiene varias implicaciones, que pueden parecer obvias pero vale la pena plantear. El dise�o de las investigaciones recientes da mucho m�s cabida a los debates internacionales y se apoya en mejor forma en trabajo similares realizados en otros pa�ses. Hay ya un esbozo de an�lisis comparativos, en la medida en que casi todas las tesis alcanzan a plantear algunas similitudes con casos latinoamericanos o de la historia europea; sin embargo, este aspecto es todav�a muy deficiente y asistem�tico, y se advierte que la revisi�n bibliogr�fica sigue siendo, a�n en tesis muy buenas, relativamente incompleta. Entre los historiadores dedicados al siglo XIX no hay un claro predominio de ninguna corriente interpretativa. Si uno quisiera definir las corrientes dominantes tendr�a que decir probablemente que los mejores historiadores se identifican ante todo por la adopci�n de procedimientos relativamente ecl�cticos ya abiertos de la historia social y la historia de las mentalidades. No parece haber una censura expresa a los trabajos que se definen en t�rminos dominantemente descriptivos, si el aporte de informaci�n documental es alto y existe una organizaci�n narrativa adecuada. Tampoco hay un rechazo a priori a las tendencais m�s novedosas y pol�micas de la historiograf�a contempor�nea, aunque por los resultados no parece haber una gran simpat�a con las formas m�s radicales de historia postmoderna. Quienes se dedican a la historia de las mentalidades, de la moda, de la ciencia, todav�a tratan, y en mi opini�n en esta direcci�n se encuentra el camino adecuado para el desarrollo de una investigaci�n historica seria y relevante, de enmarcar sus trabajos dentro de lo que convencionalmente ha sido la historia social. Quiz�s el ejemplo de Germ�n Colmenares, que combin� una fascinaci�n con White o Geertz con un afirme defensa de la historia social, pese algo en la prudencia con la que se han acogido las modas �ltimas entre los historiadores antioque�os.
Una revisi�n de algunos de los aportes de esta historiograf�a universitaria[16] permiten confirmar las generalizaciones anteriores. Por razones de claridad seguir� un orden tem�tico en lo que sigue, a pesar de que varias obras nos e atienen con claridad a delimitaciones artificiales de fronteras.
El campo econ�mico no ha sido el m�s activo en los �ltimos a�os. Entre los pocos estudios del �rea, se destacan los trabajos de Maria Mercedes Botero sobre el sistema bancario, y los de Orlando Aguilar, Carlos Fernando Lopera y Oswaldo Porras sobre finanzas p�blicas en el siglo XIX[17]
La historia pol�tica del siglo XIX tuvo su primer an�lisis serio en otro trabajo de Roger Brew, que discut� con alg�n detalle en 1979, y que hace un estudio muy detallado del per�odo 1848-1853, algo marcado por una identificaci�n excesiva de los partidos pol�ticos con determinados grupos econ�micos, que el mismo Brew relativizar�a en su estudio de historia econ�mica. Fuera de Brew, el tema ha estado en buena parte marcado por el aporte de Maria Teresa Uribe de H., con una interpretaci�n de origen gramsciano y de presentaci�n muy sociol�gica, pero apoyada indudablemente en una buena familiaridad con materiales primarios. Su interpretaci�n del siglo pasado, resultado de un largo proceso de investigaci�n, se present� ante todo en el libro Poderes y regiones: problemas en la constituci�n de la naci�n colombiana 1810-1850� publicado en 1987, y que fue continuado por varios art�culos que ampliaron su argumento o el cubrimiento temporal. [18] El art�culo �La territorialidad de los conflictos y de la violencia en Antioquia�, (en Gobernaci�n de Antioquia, Realidad Social I 49 y ss. 1990) presenta una s�ntesis de la visi�n muy sistem�tica que ofrece Uribe de la sociedad antioque�a del siglo XIX, en particular en lo relativo a los proyectos pol�ticos. Seg�n ella, existi� un �proyecto pol�tico y �tico cultural propuesto desde muy temprano por los intelectuales org�nicos de la independencia de Antioquia�, que �tuvo un contenido esencialmente pr�ctico y fue convertido en legislaci�n, en instituciones, en programaci�n de acci�n mediante los cuales este grupo dirigente logr� concitar el consenso de los pobladores y ganar legitimidad en tanto que el proyecto estaba anclado en la realidad de la vida antioque�a y en su sentido com�n� Este proyecto, enunciado y promovido por personas como Jos� Manuel Restrepo, Jos� Felix de Restrepo y Juan del Corral inicialmente y luego por Segismundo De Greiff, Pedro Justo Berr�o, Manuel Uribe, Pedro Nel Ospina, Alejandro L�pez, y Fernando G�mez Mart�nez, habr�a tenido marcadas diferencias con el proyecto pol�tico dominante en el pa�s. En esencia, el modelo vinculaba un programa econ�mico librecambista, empe�ado en el desarrollo de las v�as de comunicaci�n, un programa colonizador que part�a del reconocimiento del papel cenntral de la propiedad en la estabilidad pol�tica, un programa pol�tico de orden pero de reconocimiento y ampliaci�n de la ciudadan�a y una visi�n cultural expresada en un ethos regionals centrado en la valoraci�n del trabajo, la b�squeda del enriquecimiento por el trabajo, el sostenimiento de la familia como paradigma de orden, la honradez en los negocios, el respeto a la palabra y la frugalidad en modos de vivir. Todo este proyecto se apoyaba en buena parte en una relaci�n estrecha con el mundo religioso y buscaba un control social eficaz en la fuerza de las redes de familia y parentezco m�s bien que de instituciones de represi�n estatales.
Este modelo gener� exclusiones a no blancos, vagos, mal entretenidos, prostitutas, hijos naturales, delincuentes, ateos, masones y perdedores: �el proyecto pol�tico de la �lite antioque�a fue cohesionador, articulante y s�lido pero terriblemente excluyente, incapaz de convivir con el �otro�, con el diferente o con el antagonista; a todos por igual los excluy� pens�ndolos como delincuentes y enemigos peligrosos�. (pag. 67).
Una derivaci�n muy directa de la visi�n de Maria Teresa Uribe se encuentra en el extenso y desordenado texto de Doris Wise de Gouzy que sirve de introducci�n a la recopilaci�n de textos de Mariano Ospina Rodr�guez. [19]
Por otra parte, Luis Javier Ortiz public� en 1985 los resultados de la primera investigaci�n sistem�tica hecha sobre el per�odo federal, del cual se public� una s�ntesis en 1987 en la Historia de Antioquia [20] Posteriormente hizo una tesis, desafortunadamente in�dita todav�a, sobre el per�odo de la regeneraci�n, con una narraci�n pol�tica detallada y un buen an�lisis de los fen�menos electorales. Una breve s�ntesis fue publicada tambi�n en la Historia de Antioquia. [21] Una de las mejores contribuciones al conocimiento pol�tico de esta �poca apareci� bajo la forma de una biograf�a: el libro de Jorge Restrepo sobre Pedro Antonio Restrepo. Aprovechando uno de los m�s extensos diarios conservados del siglo pasado, el autor reconstruye, alrededor de la vida de un pol�tico de rasgos muy t�picos �su figura patriarcal, la atenci�n a la familia, sus valores morales, su capacidad para conformar una familia con una educaci�n hacia lo p�blico y hacia el progreso, sus contribuciones en los puestos p�blicos y electivos al mantenimiento del consenso antioque�o, lo hacen casi un arquetipo del conservatismo de la segunda mitad del siglo pasado- muchos elementos de la vida pol�tica regional.
Al lado de estos esfuerzos sistem�ticos, debo mencionar mis dos art�culos publicados en la Historia de Antioquia en 1986. El art�culo sobre la independencia se limita a sistematizar una informaci�n relativamente conocida, mientras que el relativo al per�odo de 1830 a 1850 hace un esfuerzo por establecer justamente las redes familiares que se conformaron como n�cleos de actividad pol�tica liberal y conservadora y que har�an parte de la sistematizaci�n m�s te�rica de Maria Teresa Uribe.
Un campo con cierto desarrollado ha sido la historia de la educaci�n. [22] Como ya lo mencion�, exist�an ya algunos antecedentes de inter�s por el tema, y en estudios generales como los de Aline Helg o el libro de Frank Safford sobre el ideal de lo pr�ctico se da una amplia cabida a temas antioque�os. Pero los estudios realizados ante todo por Luis Javier Villegas han intentado desarrollar en forma m�s exhaustiva la pol�tica educativa y el desarrollo real de las instituciones educativas y de la ense�anza durante la �poca de la federaci�n, cuando Antioquia, bajo la direcci�n de Pedro Justo Berr�o, se lanz� a impulsar la educaci�n primaria y artesanal, como objetivo central, aunque acab� tambi�n consolidando el sistema universitario. En un primer libro Villegas se centr� en la descripci�n del proyecto educativo de Pedro Justo Berrio,[23] y en una obra m�s reciente vincul� la educaci�n con el conjunto del proyecto pol�tico del gobernante antioque�o. [24]
La historia social �y utilizo un t�rmino que engloba las m�s diferentes vertientes hoy de moda: historia cultural, historia de las mentalidades, historia de las ideas, estudios culturales, historia de la vida cotidiana, etc- se ha desarrollado alrededor de estudios de historia de la vida cotidiana y de algunos estudios sobre la artesan�a. Talvez el primer estudio relativamente sistem�tico sobre el tema fue el de Patricia Londo�o y Santiago Londo�o en la Historia de Antioquia. La misma Patricia Londo�o ha hecho varias publicaciones sobre la historia de las comunidades religiosas, sobre aspectos de historia de la mujer en el siglo pasado y acaba de conlcuir una tesis muy amplia sobre formas de sociabilidad en el siglo pasado. Patricia Castro hizo su tesis sobre las formas de beneficencia en Antioquia. Sobre los temas artesanales el trabajo m�s serio ha sido el de Alberto Mayor, aunque me parece que los afecta cierto entusiasmo y la utilizaci�n a veces r�gida de categor�as sociol�gicas. En �El Taller como Escuela� muestra la importancia de los artesanos en el siglo pasado, la elevada autovaloraci�n que ten�an, los esfuerzos de educaci�n �tica y moral que impulsaban, etc. [25] Un tema afin es el de los pintores y grabadores regionales, que ha recibido un tratamiento bastante completo en la Historia de la Pintura y el Grabado en Antioquia de Santiago Londo�o: muchos de los artistas hac�an parte de grupos familiares que pertenec�an m�s al mundo de la artesan�a que del arte, o que vivieron, como los Rodr�guez, los Cano y los Vieco, la transici�n entre el taller del artesano y el estudio del artista.
Ahora bien, en mi opini�n la obra m�s lograda e interesante publicada en los a�os recientes sobre el siglo XIX antioque�o es una obra que se presenta ante todo como de historia de las mentalidades, llena de respetuosas referencias a Michel Foucault pero tambi�n a visiones m�s cl�sicas de la historia social como las de Le Goff o Norbert Elias: se trata de La mentalidad religiosa en Antioquia: pr�cticas y discursos 1828-1885, de Gloria Mercedes Arango[26] Es un trabajo en el que se utilizan en forma muy completa archivos eclesi�sticos de la regi�n, revistas y folletos religiosos y una amplia literatura secundaria para reconstruir con mucho detalle la relaci�n entre la instituci�n religiosa y las pr�cticas de los creyentes, los mecanismos de control de la conducta establecidos por la iglesia y las diferentes pr�cticas que conformaban los rituales b�sicos de los antioque�os del siglo pasado. La obra es de una gran complejidad, sin simplificaciones, cuidadosamente argumentada, sin sistematizaciones apresuradas ni pol�micas innecesarias. Esta obra resulta adem�s particularmente novedosa e importante, pues no tiene casi antecedentes en la literatura colombiana y por otra se enfrenta a un aspecto central de la historia regional. Los trabajos de historia religiosa anteriores fueron casi todos de historia eclesi�stica: estudios institucionales, centrados en las acciones de los obispos y prelados, a partir de las cuales era muy dif�cil sacar cualquier conclusi�n sobre la religiosidad de los antioque�os o sobre el peso de la iglesia en la vida social o pol�tica. Y en Antioquia la cuesti�n de la funci�n de la iglesia es esencial, tanto para el an�lisis de la historia pol�tica como para el estudio m�s antropol�gico de las formas propias de la cultura regional. El trabajo de Arango, adem�s, se centra en un per�odo crucial pues es probablemente en los a�os de 1830-50 cuando se da la inflexi�n que convierte a Antioquia en una sociedad profundamente marcada por las instituciones religiosas, lo que se consolidar� precisamente bajo la administraci�n de Pedro Justo Berr�o.
Jorge Orlando Melo Bogot�, 1998
[1] Manuel Uribe �ngel, Compendio Hist�rico (Medell�n, 188) y Geograf�a general y compendio hist�rico del Estado de Antioquia en Colombia (Par�s, 1885).
[2]En �Pol�tica y pol�ticos de Antioquia�, le�do en 1979 y publicado en la Memoria del Simposio Los estudios regionales en Colombia: el caso de Antioquia (Medell�n, 1982) se�al� la existencia de ese consenso sobre las �l�neas pol�ticas deseables� entre los dirigentes antioque�os. P. 271.
[3] Por orden cronol�gico, menciono los siguientes:
1890: Teodomiro Llano: Biograf�a de Gabriel Echeverri. 1894: Juan de Dios Monsalve: Pedro Justo Berr�o. 1902: Notas y documentos hist�ricos para la biograf�a del general Braulio Henao. 1908: Abraham Moreno: Biograf�a de Rafael Mar�a Giraldo. 1913: Estanislao G�mez Barrientos: Don Mariano Ospina y su �poca 1918-27: Estanislao G�mez Barrientos: Veinticinco a�os a trav�s de la historia del Estado de Antioquia 1919: Ram�n Correa: Biograf�a de Juan del Corral. 1922: Joaqu�n Emilio Jaramillo: Vida de Pedro Justo Berr�o. 1927: Abraham Moreno: Pedro Justo Berr�o. 1927: Eduardo Zuleta: Pedro Justo Berr�o. 1928: Estanislao G�mez Barrientos: El doctor Pedro Justo Berrio y el escenario en que hubo de actuar. 1938: Jorge Ospina Londo�o: Pascual Bravo: los partidos pol�ticos en Colombia. 1946: Juan Antonio Pardo Ospina: Tres presidentes de Colombia y semblanzas de la familia Ospina. 1953: Gabriel Henao Mej�a: Juan de Dios Aranzazu. Alejandro Mesa Nichols: Biograf�a de Salvador C�rdoba.
[4] Julio C�sar Garc�a: Historia de la instrucci�n p�blica en Antioquia. Julio C�sar Garc�a: De nuestra alma universidad: bocetos biogr�ficos de sus rectores. 1917: Ulpiano Ram�rez Urrea: Apuntes para la historia del clero y persecuci�n religiosa en 1877. 1918: Marinilla y el se�or Jim�nez. 1926: Cant�n de Marinilla
[5] 1923: Emilio Robledo: La Universidad de Antioquia 1822-1922. Jos� Mar�a Restrepo S�enz: Gobernadores de Antioquia. 1909: Eladio G�nima: Apuntes para la Historia del Teatro de Medell�n y Vejeces 1934: Luis Latorre Mendoza: Historia e historias de Medell�n.
[6] Melo, �Pol�tica y pol�ticos�271.
[7] L�pez Toro, Migraci�n y cambio social en Antioquia en el siglo XIX. Bogot� 1970.
[8] En Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, 1965.
[9] Jaramillo no comparte totalmente esta apreciaci�n, y sugiere que la visi�n positiva estuvo siempre ligada a un cierto desprecio por el car�cter mercantil, casi materialista, de los empresarios antioque�os.
[10] Juan Botero Restrepo, Sons�n en el siglo XIX (1979)
[11] MacGreevey hab�a disputado la caracterizaci�n hecha por Safford de Antioquia como una provincia ya relativamente rica a finales del siglo XVIII. Safford se hab�a apoyado en el alto nivel de salarios nominales de la zona cuando se le comparaba con el oriente; McGreevey consideraba que el salario nominal no demostraba un mayor nivel de vida. Como este no era el argumento de Safford (aunque yo no tengo dudas de que a fines del XVIII ya el producto regional por persona era m�s alto que en el resto del pa�s), el debate no afectaba las l�neas centrales del argumento de Safford.
[12] Roger Brew, El desarrollo econ�mico de Antioquia desde la independencia hasta 1920. Bogot�, 1977.
[13] En esto parece haber una divergencia esencial con la perspectiva del art�culo citado de Safford.
[14] Labores agr�colas y fuerza de trabajo en el suroeste de Antioquia, 1850-1912, en Estudios Sociales No. 2 (1988).
[15] Ernesto Ram�rez, La familia Ospina?
[16] Vale la pena recordar que de este mundo universitario hacen parte tambi�n algunos grupos vinculados a las facultades de econom�a y sociolog�a. FAES ha tenido tambi�n un importante papel en mantener el contacto entre economistas, sociologos e historiadores.
[17] �Los empr�stitos p�lbicos en el estado soberano de Antioquia, 1857-1886, en Oikos No 2 (1988) y �La estructura de las finanzas p�blicas del estado Soberano de Antioquia, 1857-1886�.
[18] Mar�a Teresa Uribe de H y Jes�s Mar�a Alvarez G., �El parentezco en la formaci�n de las �lites en la Provincia de Antioquia�, en Estudios Sociales, No 3 (1988), aunque se refiere ante todo al per�odo colonial, hace algunas consideraciones sobre el siglo XIX. En la Historia de Medell�n (1996) public� dos art�culos sobre la pol�tica del siglo XIX en Medell�n, uno de ellos centrado en el teatro social puesto en escena en 1875, con ocasi�n de las celebraciones del bicentenario de la ciudad.
[19] �Introducci�n� a la Antolog�a del Pensamiento de Mariano Ospina Rodr�guez (1990). Un anticipo de esto hab�a sido presentado en el simposio Figuras Pol�ticas en Antioquia siglos XIX y XX (1988), en el cual se publicaron tambi�n trabajos de Luis Javier Ortiz sobre Marceliano V�lez, de Roberto Luis Jaramillo sobre Manuel Uribe �ngel (que luego incorporar�a a la introducci�n de su edici�n de la Geograf�a y de Maria Teresa Uribe sobre Camilo Antonio Echeverri. Sobre los tres hacen falta buenas biograf�as. Tampoco hay buenas biograf�as de Mariano Ospina Rodr�guez, Abraham Moreno o de jefes liberales como Nicolas Villa. .
[20] El federalismo en Antioquia. Aspectos Pol�ticos� (1985) �Antioquia bajo el federalismo 1853-1886�, en Historia de Antioquia (El Colombiano, 1987; 1988).
[21] �Antioquia durante la Regeneraci�n, 1886-1904 (1987)
[22] Jes�s Alberto Echeverri, Proceso de constituci�n de la Instrucci�n P�blica 1819-1835. (1984); Luis Javier Ortiz y Luis Javier Villegas: �Aspectos de la educaci�n en Antioquia 1860-1915�, en Ciencias Humanas No 11 (1988)
[23] Aspectos de la educaci�n durante el gobierno de Pedro Justo Berr�o, 1864-1873. (1991)
[24] La legitimaci�n de un poder regional? (1966)
[25] en Estudios Sociales No 6 (1993). En la Historia de Medell�n desarrolla estos temas y acaba de publicar un libro sobre el tema, que desafortunadamente no alcanc� a revisar.
[26] (1993)