Jorge Orlando Melo

La primera clase de francés

 

Entre tantos recuerdos de colegio, una clase es especial. En esos años todos teníamos que tomar dos años de francés. No nos hacíamos muchas ilusiones, pero en la primera clase el profesor, sin decir palabra, escribió en el tablero seis o siete líneas de un texto que todavía recuerdo y que comenzaba: “Aujourd’hui, maman est morte. O peut-être hier; je ne sais pas”. Nos invitó a traducirlo y en una hora, adivinando y con su ayuda, escribimos la versión española, que nos pareció tan deslumbrante, desafiante y subversiva como el texto francés.

Compré la novela esa misma semana, la leí y la pasé a algunos de mis compañeros, que la leyeron con pasión similar. Durante todo el año nos esforzamos en aprender las conjugaciones, el “imperfait” y el “passé composé”, pero de vez en cuando volvíamos en clase a “El extranjero” y tratábamos de traducirlo.

Al año siguiente me atreví a publicar, en la Revista del Instituto Jorge Robledo, dirigida por los estudiantes, la traducción de un relato breve de Jacques Prévert: los padres protestaron por su publicación y la de otros textos poco ortodoxos, pero el profesor de francés, que era vicerrector del colegio, defendió nuestros derechos. Y cuando encontré en la Librería Francesa el discurso con el cual Albert Camus, el autor de nuestro libro favorito, había aceptado el Premio Nobel, lo compré, lo traduje febrilmente y lo publiqué en otro de los periódicos estudiantiles que hicimos.

Conrado González Mejía era ese profesor capaz de producir, casi sin hacer un gesto, tales delirios, de arrastrar a un grupo de adolescentes, mientras aprendíamos a usar los partitivos y a pronunciar las terminaciones nasales, a la fascinación de la literatura francesa.

Jorge Orlando Melo

Publicado en el libro: Gracias maestra, gracias maestro: cincuenta colombianos evocan a sus maestros, Bogotá, Ojo por Hoja Ediciones y Fundación Compartir, 2008